EL #TTIP, UNA PATENTE DE CORSO PARA MULTINACIONALES #Traiguén2016

EL #TTIP, UNA PATENTE DE CORSO PARA MULTINACIONALES

31 mayo 2016

lamentable.org
Xavier Caño
Miembro de ATTAC

Tratados bilaterales de presunto libre comercio pululan en diversas fases de negociaciones secretas. El peor para los europeos acaso sea el TTIP, que negocian escondidos EEUU y la Unión Europea. ¿Qué busca ese tratado? El objetivo oficial es eliminar barreras comerciales entre EEUU y la Unión Europea, suprimir aranceles y restricciones a la inversión y simplificar la compraventa de bienes y servicios entre ambos países. Pero en verdad el TTIP busca eliminar hasta la más diminuta sombra del menor impedimento para que las grandes empresas obtengan más y más beneficios. Si tal objetivo se hace realidad, los derechos de la gente serán papel mojado y la protección del medio ambiente brillará por su ausencia. Pues para el voraz capitalismo neoliberal derechos y protección del medio ambiente son obstáculos a abatir.

TTIPEsa eliminación de obstáculos se perpetra con el TTIP que, entre otras amenazas, homologa las normas discrepantes de ambos países. A peor. Por ejemplo, si en Europa una trabajadora tiene derecho a varios meses de permiso pagado por embarazo y parto y en EEUU solo quince días no pagados, homologar es imponer la norma estadounidense. Si en EEUU se pueden lavar pollos para consumo humano con cloro (más limpitos y más rápido) y eso está prohibido en la Unión Europea por riesgo para la salud, habrá lavado con cloro… Y así una tras otra.

Pero no se simplifique creyendo que EEUU sea ganador con el TTIP. Los datos estadounidenses también alarman, pues muestran, por ejemplo, que de los noventa del siglo XX en adelante se destruyeron casi tres millones de empleos por acuerdos comerciales de EEUU con otros países. Y no cabe olvidar que lo que hay es lucha de clases. Como dijo el supermillonario Warren Buffet, “es lucha de clases y mi clase, la de los ricos, va ganando”. Porque los trabajadores estadounidenses están tan explotados y desposeídos de derechos como la clase trabajadora europea. Y los grandes propietarios y cúpulas directivas de grandes empresas de EEUU son como sus iguales europeos, dominados por su voraz voluntad de beneficios por encima de todo.

El rentable negocio de demandar al Estado

Más allá de retóricas, el resultado final de esas secretas negociaciones es reducir (incluso suprimir) derechos de la gente. Como ciudadanos, consumidores y trabajadores. Pues resulta que los derechos del pueblo trabajador son considerados obstáculos para los privilegios de las élites.

Así los tratados pretenden impedir que los ejecutivos nacionales gobiernen en beneficio del pueblo trabajador, pues ahí las grandes empresas no tienen interés alguno como la cruda realidad demuestra. Apostar por los beneficios de las élites en el TTIP se articula especialmente con el ‘Mecanismo de Resolución de Conflictos entre Inversores y Estados’. ‘Mecanismo’ formado por pretendidos tribunales privados de tres abogados de altísimos honorarios. El ‘mecanismo’ facilita que grandes empresas y grupos multinacionales demanden a los Estados para conseguir obscenas indemnizaciones multimillonarias. Demandas basadas en presunta disminución de beneficios de las empresas por medidas gubernamentales en interés de la mayoría o protección del medio ambiente.

Es clásico el caso de la multinacional Philip Morris que demandó a Uruguay y Australia por sus leyes antitabaco. Según la tabaquera, las etiquetas obligatorias de advertencia del riesgo de fumar en las cajetillas de cigarrillos impedían mostrar bien la marca y eso les hizo perder ventas y, por tanto, beneficios. En otro escenario, la multinacional de energía sueca Vattenfall demandó al Gobierno alemán por las restricciones impuestas a una de sus centrales eléctricas de carbón en defensa del medio ambiente. El lamentable resultado fue que Alemania rebajó la protección ambiental para evitar una indemnización multimillonaria. Animada por el éxito, Vattenfall demandó otra vez al Gobierno alemán cuando éste decidió abandonar paulatinamente la energía nuclear tras la catástrofe de Fukushima en Japón. Vattenfall consideró que eliminar centrales nucleares para evitar posibles accidentes radiactivos letales reducía sus ganancias y demandó a Alemania. Empresas italianas demandaron a Sudáfrica por una ley que obligaba a las compañías mineras a reservar parte de sus acciones para inversores negros y así empezar a reparar las injusticias sufridas por la población negra en el Apartheid… Y muchos casos más que producen tanta o más vergüenza e indignación.

imagesUn tratado a favor de grandes empresas y corporaciones

El ‘mecanismo’ está en otros tratados bilaterales y eso lo ha convertido en nuevo medio de ganar dinero en grandes empresas y corporaciones. Una versión actualizada quizás y más sofisticada sin duda de la ‘protección’ que los gángsteres ofrecían a los comerciantes en Chicago de Capone o Nueva York de Albert Anastasia, por ejemplo. Si pagas ‘protección’, no quemo tu negocio. Si legislas defendiendo a los trabajadores, te demandó por un pico y te enteras.

Pero ese atropello se agrava cuando los Estados no pueden demandar a los ‘inversores’ y, aún peor, no pueden recurrir las decisiones de esos tribunales de pizarrín del ‘mecanismo’. Pero no extraña, porque el objetivo real del ‘mecanismo’ y del TTIP, para que engañarnos, es favorecer a grandes empresas, multinacionales y corporaciones. Lo demás son zarandajas.

Para que no haya duda de parte de quien están esos tribunales de pitorreo, el nuevo sector del arbitraje privado está dominado por un reducido y compacto grupo de carísimos abogados de Europa, Canadá y EEUU. Y, para saber cuan imparciales sean esos picapleitos, son tanto árbitros como representantes de empresas demandantes. Pura ecuanimidad como ven.

Al respecto, la asociación Jueces para la Democracia rechaza esos tribunales de arbitraje por usurpar competencias judiciales nacionales y europeas, además de no ofrecer garantía alguna de independencia e imparcialidad. Para esa asociación judicial tales ficticios tribunales estarían vinculados a grandes corporaciones económicas y gobiernos poderosos. Jueces para la Democracia considera que los conflictos jurídicos que pudiera haber entre empresas y Estados pueden ser bien resueltos por los órganos judiciales nacionales y europeos existentes.

publico-vs-privado-grande¿Son mejores y más eficientes las empresas privadas?

Otra ansiada fuente de ganancias para empresas y corporaciones son los servicios públicos, previamente privatizados u otras fórmulas en las que las empresas privadas se llevan el gato al agua y el Estado corre con los gastos. Considerar a la empresa privada como gestora ideal de servicios públicos se basa en la nunca demostrada afirmación de que la empresa privada gestiona mejor que el Estado. Desde los ochenta se ha repetido tal mantra, más falso que un duro sevillano, de que la gestión privada es mejor que la pública. El resto del embuste, para justificar el saqueo de lo público por empresas privadas, afirma que liberalizar servicios públicos los hace más eficaces y competitivos. Pero, para tan feliz fruto, condición sine qua non es reducir normas al máximo y suprimir cualquier control. Desregular sin compasión. Lástima que la tozuda realidad demuestre lo contrario, como se comprobó tras la privatización de algún hospital en la Comunidad Valenciana y la privatización de la sanidad pública y los transportes en el Reino Unido con Margaret Thatcher y sucesores. Desastre total de peor servicio, menor rendimiento y mucho más gasto. Normal, porque a los gastos precisos para proporcionar buen servicio hay que añadir el beneficio nada modesto de la empresa privada que gestiona el servicio, pues no lo hace por solidaridad sino para ganar dinero.

Beneficios de pocos por encima de los derechos de todos

Lo cierto es que el capitalismo neoliberal vio en la crisis una ocasión de oro para cambiar las cosas en beneficio de las élites. Avanzar en la privatización de servicios públicos, reducir las pensiones (favoreciendo además los planes privados de jubilación) y recortar inversión pública en educación, servicios sociales, atención a dependientes y sanidad. Socializar pérdidas y asegurar y blindar beneficios privados.

Así, TTIP y otros tratados garantizan cuantiosas ganancias a grandes empresas por encima de los derechos de la ciudadanía con la mayor desregulación posible en servicios esenciales y que sea ‘el mercado’ quien los regule. Ya saben, la invisible mano misteriosa que en los delirios neoliberales regula la economía de modo natural y eficaz. Por eso funciona todo tan bien desde hace años.

Pero la verdad ha sido que ha habido una descomunal transferencia de rentas de la ciudadanía a las élites donde las pérdidas del capital se han convertido en beneficios por el arte de magia de la generosidad del Estado. Pero quien ha pagado el pato de una crisis que no provocó ha sido el pueblo trabajador. Que es quien financia en verdad, no solo pagando impuestos y creando riqueza, también con los recortes que soporta, a su pesar, cuando el Estado acude raudo a inyectar billones de liquidez a las empresas y la banca que veían las orejas al lobo de la bancarrota.

Y ahora las élites rematan la faena con la puntilla del TTIP que garantiza beneficios ascendentes de la minoría rica mangoneando los servicios públicos privatizados a los que consideran catálogo de compras y ventas para ganar dinero a espuertas. ¿Y los derechos de la gente? Irrelevantes. No cotizan en bolsa.

Pero es peor. Los últimos tratados bilaterales pretenden impedir que ningún servicio público privatizado vuelva a ser público. Y eso apunta que, para recuperar derechos de la gente, será necesaria una revolución. Incruenta, pero revolución.

Como piratas

Así las cosas, la mejor síntesis del significado de los tratados bilaterales, y en especial del TTIP, es que son verdaderas ‘patentes de corso’ de nuestros días. La ‘patente de corso’ era un documento que los monarcas concedían a propietarios de buques por el que se les autorizaba, en las edades Media y Moderno, a atacar barcos y puertos de naciones enemigas. Y saquearlos, claro, que ahí estaba el negocio. Ese documento del rey o gobierno convertía al corsario en miembro legal de la marina del país. Entonces los navíos que surcaban los mares sufrían frecuentes ataques de corsarios y piratas. Pero ¿había alguna diferencia entre los denostados piratas y los mejor considerados corsarios?

Solo un papel. Ambos robaban, saqueaban barcos, asesinaban e incendiaban con idéntica crueldad. Pero los corsarios lo hacían legalmente con permiso del Rey y en su nombre. Los piratas, no.

Los tratados bilaterales, y especialmente el TTIP, conceden a las grandes empresas, corporaciones y grupos tansnacionales permiso para saquear a las naciones y ciudadanías que las forman. Una verdadera patente de corso. Algo habrá que hacer.

ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

 

Fuente: www.attacmadrid.org

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